Por lo general, el verde es uno de los colores que dan las auroras boreales –fenómeno luminoso que se ve en el cielo del hemisferio norte– que se pueden ver en Blodo, una ciudad de Noruega ubicada por encima del Círculo Polar Ártico que, dicen los expertos, es uno de los mejores lugares para ver ese fenómeno natural entre septiembre y marzo de cada año.
Las auroras boreales se forman cuando la noche es muy oscura y algunas partículas de luz solar se chocan con el viento gélido de la zona septentrional del mundo. Durante la noche del jueves, la temperatura de Bodo promedió entre 2 y 5 grados centígrados: hizo mucho frío. Por eso el delantero colombiano Luis Suárez, figura del Sporting de Lisboa portugués, salió a la cancha del estadio Aspmyra, ubicado por encima del Círculo Polar Ártico, con una licra debajo de la pantaloneta para enfrentar al Bodo/Glimt, en el juego de ida de los octavos de final de esta edición de la Champions.
El Glimt, equipo que por lo general juega de amarillo en un escenario deportivo de corte inglés clásico –tribunas pequeñas, cercanas a la cancha, pero techadas–, que tiene capacidad apenas para 8.500 espectadores, es la gran sorpresa de esta edición del torneo de clubes más importante del Viejo Continente. Ese elenco pasó de estar en la segunda división del fútbol noruego en 2017, a ser “la piedra en el zapato”, de clubes grandes como el Inter de Milán, el Atlético de Madrid, el Manchester City, y el Sporting de Lisboa, cuadro al que venció este miércoles 3-0.
¿Cómo fue el partido para el equipo de Luis Suárez?
Sin embargo, no ocurrió. A pesar de que Luis Suárez tuvo algunas opciones de peligro contra el arco de los noruegos, el Bodo se quedó con el triunfo. El equipo, que tiene en el expiloto de la Fuerza Aérea de Noruega, Bjørn Mannsverk, su preparador mental y en cuyas charlas ha enseñado que tienen que enfocarse más en el proceso –el juego–, que en el resultado o el rival, se impuso con anotaciones de Sondre Brunstad, Ole Didrik y Kasper Hogh.
El Bodo apeló a un juego sencillo: bloque compacto entre defensa y los volantes cuando no tenían la pelota, y transiciones rápidas al contraataque cuando la tenían sus futbolistas. Les surtió efecto. El clima gélido, al parecer, le pasó factura al Sporting, pero no le importó a los aficionados del club noruego que, cuando terminó el encuentro, levantaron sus bufandas amarillas en las tribunas y empezaron a cantar suave, como si estuvieran en una ceremonia religiosa, para festejar el triunfo de su club.
El encuentro de vuelta de la serie será el próximo martes 17 de marzo en el estadio José Alvalade de Lisboa. Ese día el cuadro del colombiano Suárez buscará una remontada épica: solo el 6% de las veces que un equipo perdió 3-0 el juego de ida en eliminatoria directa de Champions, logró darle la vuelta al marcador.