El nombre de Jonathan Risueño ha empezado a ganar notoriedad en el fútbol colombiano no solo por su trabajo en el banquillo, sino también por una serie de episodios polémicos que han acompañado su carrera reciente. Su estilo intenso, directo y muchas veces confrontativo lo ha puesto en el centro de varias controversias dentro y fuera del campo.
La más reciente ocurrió tras el duelo entre Santa Fe y Deportivo Pasto, cuando el experimentado delantero Hugo Rodallega lo señaló públicamente de haber sido irrespetuoso durante el partido. Según el atacante, Risueño lanzó comentarios despectivos hacia los jugadores cardenales, calificándolos de “malos” y asegurando que “no jugaban a nada”.
Lejos de apaciguar la situación, el entrenador español respondió con firmeza, defendiendo que este tipo de intercambios son normales dentro del juego y asegurando que lo ocurrido “debe quedarse en la cancha”. Incluso, reforzó su postura con críticas al estilo de juego de Santa Fe, avivando aún más la discusión.
Sin embargo, este no es un hecho aislado. Semanas atrás, Risueño fue duramente cuestionado por protagonizar una acción antideportiva en un partido frente a Atlético Nacional, donde simuló una falta de Alfredo Morelos tras un leve contacto, generando una ola de críticas por su comportamiento desde la zona técnica.
A esto se suma uno de los episodios más serios en términos disciplinarios: una sanción impuesta tras un compromiso ante Deportivo Pereira, en el que el técnico fue castigado por uso de lenguaje ofensivo y provocaciones hacia la tribuna. Aquella situación también incluyó un cruce con el entrenador rival, Arturo Reyes, evidenciando un patrón de confrontación en momentos de alta tensión.
Incluso en etapas anteriores de su carrera en Colombia, como su paso por Águilas Doradas, ya había dejado señales de este comportamiento, con acciones similares de simulación que, aunque no siempre derivaron en sanciones, sí alimentaron su reputación.
También se suman algunas declaraciones que no le gustaron a Atlético Nacional, equipo que solicitó una investigación formal a la Dimayor en contra del técnico, por considerar que sus palabras sugerían que los árbitros favorecían al club antioqueño.
Más allá de los resultados deportivos, lo cierto es que Risueño se ha consolidado como un protagonista constante desde el banquillo, alguien que vive los partidos con una intensidad que frecuentemente desborda los límites. Para algunos, se trata de carácter competitivo; para otros, de una conducta que roza lo innecesario.
En cualquier caso, su nombre ya no pasa desapercibido. Y mientras continúe en el fútbol colombiano, cada partido parece traer consigo no solo una batalla táctica, sino también la posibilidad de un capítulo en su historial de polémicas.