La palabra “arquitecto” suele traer a la mente muchas cosas, pero una de ellas es definitiva: con frecuencia son caros. En Latinoamérica se cree que sólo los millonarios contratan un arquitecto, mientras que el resto de los humanos toman papel y lápiz y hacen ellos mismos el trabajo. Por eso, no es exagerado comparar los cinturones de pobreza de América Latina con los garabatos que dibuja un niño de dos años.
“Las ciudades latinoamericanas, en su proceso de urbanización, tuvieron una respuesta pública que no alcanzó para que las viviendas fueran normales. Pero, antes que la vivienda, una de las cosas más graves es la dificultad de probar el derecho de propiedad, y la sensación de las personas de que en cualquier momento pueden perder su casa...