Este viernes, el Museo del Rock inaugurará la segunda parte de su exposición Historia del Rock de Medellín. Lado B (1991–2025), una muestra que recorre los últimos 35 años para mostrar el desarrollo de la escena de música alternativa de la ciudad.
Antes estuvo Lado A (1964–1990), un recorrido inmersivo donde se articularon los hitos que forjaron el sonido del rock local desde los primeros años, de la mano de Los Pelukas y el Milo a Go-Go, pasando por el Festival de Ancón, la Batalla de las Bandas y el estallido del Punk Medallo y el Metal Medallo, que retrataron las contradicciones de la ciudad.
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Pero en los 90 todo cambió. Pasaron la apertura económica –que sustituyó el modelo proteccionista por el libre mercado–, la nueva Constitución y la violencia –que convirtió a Medellín en la ciudad más violenta del mundo–. Todo eso se traduce en la música local, en el desarrollo de una industria independiente, emergente. Eso es lo que cuenta la exposición.
El recorrido no es cronológico, sino más bien temático. Se habla de los cambios en el sonido, las estéticas, las formas de promoción y circulación, el surgimiento de festivales, las nuevas escenas –reggae, ska, hip hop, postpunk, industrial, funk, grunge–, el protagonismo de las mujeres y la gradual participación de comunidades LGBTIQ+. Se habla un poco de todo, menos de reguetón.
La exposición tiene una parte interactiva. Cada panel tiene un QR, que lleva a series, listas de reproducciones, entrevistas y otros contenidos relacionados. También hay una selección con los 10 discos más importantes del rock de Medellín, otra con las canciones locales más importantes del siglo XX y una lista con los álbumes esenciales de la escena alternativa local, que va desde Reqviem (1991), de Masacre hasta A Danger to Ourselves (2025), de Lucrecia Dalt, pasando por Neotusa (2024) de Bella Álvarez, Aranjuez (2021), de Alcolirykoz, Deseo (2012), de Matute, Lavandería Real (1997), de Bajo Tierra, Los suzioX con su álbum homonimo de 2019 y más.
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–Lo que sucede del 90 para acá es una explosión que va en muchísimas direcciones, y todas esas direcciones lo que hacen es generar un ecosistema muy poderoso, muy estable y muy nuestro, sin necesidad de apelar a folclorismos ni nada–. dice Javier Rodriguez, uno de los curadores de la exposición.
La exposición da cuenta de cómo se formó todo ese ecosistema musical alternativo que es la base de todo lo que ocurre hoy. Es la música que ha pensado y contado a Medellín, es una imagen de la ciudad que permanece, es la historia.
“Dicen que las canciones traducen los tiempos, que son un espejo de las sociedades. Y en esa lógica, las mutaciones de Medellín como ciudad es lo que queda evidenciado en las placas discográficas que se han constituido en referencia del rock y sus sonidos afines al universo alternativo local (...c) Del caos al frenetismo afectivo, de la violencia azarosa a la diversión sin freno, de las angustias existenciales a los reclamos a Dios; esos y otros temas son abordados en las canciones y los álbumes que calcan a las personas, lo que han sido, lo que serán”, dice uno de los textos de las exposición.
La exposición contó con el apoyo del Ministerio de las Culturas y la Fundación EPM. Estará abierta a partir de este viernes 6 en el MUROCK, museo del rock local, ubicado en la Casa de la Música (Parque de los deseos). Se puede visitar de martes a de 11:00 a.m. a 6:00 p.m. La entrada es libre. El día de la inauguración la Filarmónica Metropolitana tocará algunos clásicos del rock local y posteriormente Santiago Arango presentará algunas de las canciones más significativas de la escena alternativa en estos últimos 35 años.
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