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Al Paso de la Paz: así es el proyecto de danza que abre caminos para jóvenes en el Pacífico

Una iniciativa académica desde la Universidad Jorge Tadeo Lozano demuestra que el baile también puede ser una herramienta de protección juvenil y reconstrucción comunitaria.

  • Jóvenes de colectivos del Pacífico sur presentaron piezas de danzas afrourbanas en el festival Tumaco siente la danza, resultado del proceso formativo en Al Paso de la Paz. FOTO cortesía
    Jóvenes de colectivos del Pacífico sur presentaron piezas de danzas afrourbanas en el festival Tumaco siente la danza, resultado del proceso formativo en Al Paso de la Paz. FOTO cortesía
hace 2 horas
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En el Pacífico, la danza empieza a abrir espacios en la vida de muchos jóvenes que viven el conflicto armado y la precariedad económica día a día.

En municipios como Francisco Pizarro (Tumaco), Barbacoas y Roberto Payán, varios colectivos juveniles han encontrado en el baile un lugar para crear, organizarse y construir futuro.

Ese es el centro del proyecto Al Paso de la Paz, desarrollado por Diana Cortés como trabajo de grado de la Maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. La iniciativa llevó formación artística, acompañamiento psicosocial y capacitación en gestión cultural a jóvenes afrodescendientes entre los 14 y los 28 años.

La propuesta parte de una convicción personal de su creadora. “La danza llega a mí como una oportunidad para salvarme la vida”, dice Cortés a EL COLOMBIANO. Llegó a Tumaco siendo adolescente, después de que su familia se desplazara desde Cali por situaciones de violencia y pobreza. En ese territorio, cuenta, el baile se convirtió en el punto de partida para construir un proyecto de vida.

Siempre me pregunto quién habría sido la Diana de hace veinte años si no hubiese conocido la danza”, afirma.

Con el tiempo, esa experiencia se transformó en una pregunta colectiva. Si la danza había abierto caminos en su propia historia, ¿podría hacer lo mismo con otros jóvenes del Pacífico?

De esa inquietud nació primero el colectivo Pacific Dance y, años después, el proyecto Al Paso de la Paz, que busca fortalecer procesos artísticos que ya existen en los territorios.

Uno de los puntos centrales de la iniciativa es que no se limita a enseñar a bailar. En muchos programas culturales —explica Cortés— los procesos terminan cuando se acaba el financiamiento.

“Muchas veces llegan proyectos que duran dos o tres meses y luego todo se acaba”, dice. Por eso la propuesta incluyó formación en gestión cultural, con herramientas para formular proyectos, participar en convocatorias y crear materiales de circulación artística.

La idea es que los colectivos puedan sostener sus procesos de forma autónoma. “Con la gestión cultural los colectivos pueden lograr sostenibilidad y continuidad en sus procesos”, explica.

El proyecto también incorporó un componente psicosocial que acompañó todo el proceso formativo. En territorios donde la violencia y la presión de grupos armados forman parte del entorno cotidiano, el arte puede convertirse en un espacio de cuidado emocional.

No es lo mismo danzar desde el privilegio que danzar desde la lucha constante”, señala Cortés. Muchos de los jóvenes llegan a los ensayos cargando experiencias difíciles vinculadas al conflicto, a la pobreza o a tensiones familiares.

Por eso los talleres incluyeron conversaciones sobre salud mental, manejo de emociones y formas colectivas de enfrentar las dificultades del contexto.

La propuesta artística se centró en las danzas afrourbanas, un lenguaje que combina influencias urbanas contemporáneas con raíces culturales afrodescendientes del Pacífico.

En Colombia —explica Cortés— las expresiones culturales del Pacífico suelen asociarse únicamente con lo tradicional. Sin embargo, los jóvenes están construyendo nuevas formas de danza que también forman parte de la identidad cultural del territorio.

“La tradición no puede ser estática”, afirma. Para ella, las expresiones urbanas creadas por jóvenes también están transformando la manera en que se entiende la cultura en estos territorios.

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El proceso culminó con la creación de cuatro piezas coreográficas de danzas afrourbanas, presentadas en el festival Tumaco siente la danza, un escenario que permitió a los colectivos mostrar su trabajo ante la comunidad.

Pero el impacto del proyecto, insiste Cortés, no se mide solo en el escenario.

“Si la danza había transformado mi vida, tenía que preguntarme qué podía pasar con otros jóvenes que estaban a mi alrededor”, dice.

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