En un nuevo acto de participación en política, el presidente Gustavo Petro aseguró que aún existe la oportunidad de tener un “presidente filósofo” como “lo soñaba Platón”, refiriéndose a Iván Cepeda. Junto a aquella afirmación, el mandatario adjuntó un video de Carlos Gaviria, exlíder del Polo Democrático, en donde invitaba a votar masivamente por Petro para la Alcaldía de Bogotá.
Las reacciones fueron críticas.
En primera instancia, varios le recordaron al presidente que su relación con Gaviria no era la mejor, y que usarlo como parte de su campaña actual resulta injusto.
”Carlos Gaviria se revuelca en su tumba. Su voz siempre fue crítica de Petro en el Polo. ¡Deje de manosear su memoria!”, dijo Jennifer Pedraza, electa congresista. Mientras que su compañera del Legislativo, Angélica Lozano, escribió: “¿Participación en campaña presidente? No lo puedo creer”.
La crítica de Lozano es repetida -por otros episodios en los que el mandatario ha hecho campaña por la opción de su partido-, pero grave. Por otro lado, la crítica de Pedraza fue respaldada por otros sectores: desde periodistas hasta líderes de opinión recordaron los roces entre Gaviria y Petro.
En 2018, el escritor Héctor Abad Faciolince escribió en su cuenta de X (entonces Twitter): “Recuerdo cuando mi amigo Carlos Gaviria (que falleció) me contaba, con ira, de cómo Petro cambiaba las actas del Polo, en la noche, para poner lo que no se había resuelto. Un tramposo”.
Al final, Faciolince borró el tuit. Petro aseguró que eran mentiras e invitó a miembros del Polo Democrático a denunciar si conocían irregularidades en actas.
En su momento, Carlos Bula, ex secretario del Polo Democrático, aseguró que las actas estaban bajo su custodia: “es imposible cometer ese tipo de falsificaciones”, explicó. Mientras que Aurelio Sánchez, miembro del comité del Polo, dijo que la supuesta trampa no le costaba, pero que a veces Petro sí cambiaba acuerdos.
En 2020, Faciolince volvió a reafirmar su punto. “Sí sucedió, y lo repito, en honor a la memoria de mi amigo Carlos Gaviria. Me lo confirmaron dos personas de absoluta confianza y credibilidad: Consuelo Gaitán, ex directora de la Biblioteca Nacional y Rodolfo Arango, magistrado de la JEP. Petro es un farsante”, escribió.
Las tensiones entre ambos, sin embargo, eran públicas desde antes de la muerte de Gaviria en 2015. Gustavo Petro llegó al Polo en 2005, y allí le dio rienda suelta a su carrera en el Legislativo.
En esa época, Petro consideraba que los pronunciamientos oficiales del Polo eran insuficientes para condenar con firmeza las acciones armadas de las Farc. Gaviria, por su parte, rechazaba esa postura.
Todo se tensó más en 2009.
Mientras Gaviria defendía una colectividad más cohesionada alrededor de sus principios tradicionales y de una oposición sin concesiones, Petro empezaba a empujar otra idea: una izquierda menos cerrada sobre sí misma, capaz de tender puentes con sectores moderados y de ampliar su alcance electoral.
La tensión dejó de ser silenciosa cuando ambos decidieron competir por la candidatura presidencial de 2010, una contienda que terminó exhibiendo fracturas internas que el partido ya no pudo ocultar.
Aquella campaña interna fue áspera y profundamente personal. Petro se presentaba como la renovación de una izquierda que necesitaba salir de sus viejos círculos; Gaviria, en cambio, era visto por muchos militantes como el guardián doctrinario del partido.
Ni siquiera compartieron escenarios de debate: Gaviria evitó confrontaciones públicas directas, convencido de que podían profundizar la división, mientras Petro insistía en medirse cara a cara.
En su momento, Gaviria aseguró: “Ha planteado alianzas de todo tipo y en asuntos que uno no logra entender, pues ha dicho que se debe derrotar el proyecto de Álvaro Uribe pero, al mismo tiempo, propone alianzas hasta con el propio Uribe”.
Petro respondió: “He propuesto alianzas con todos los sectores democráticos que se oponen a la nueva reelección, incluido el propio Carlos Gaviria, a quien considero demócrata. Pero no hago alianzas con el diablo, como otros que para buscar su reelección hacen alianzas hasta con los que saquean el presupuesto del Distrito Capital de Bogotá”.
Cuando las bases votaron, el senador terminó imponiéndose por un margen estrecho y alteró el equilibrio de poder dentro del Polo.
La derrota llevó a Gaviria a apartarse de la dirección del partido y, aunque siguió siendo una figura respetada dentro de la izquierda, nunca se convirtió en aliado político de Petro en sus aspiraciones presidenciales posteriores.
Para el exmagistrado, la victoria de su antiguo copartidario no se explicaba únicamente por el respaldo ciudadano, sino “por hacer demasiadas concesiones a la política tradicional”.
De hecho, fue crítico de la gestión y propuestas de Petro para la Alcaldía. “Gustavo Petro no tiene un conocimiento suficiente de Bogotá (...) Está dando bandazos y eso es negativo. Yo le deseo éxito en su gestión, por razones de orden utilitario, porque si a Gustavo le va a mal van a decir que la izquierda no sabe gobernar”, dijo.
Con base en eso, el humorista Daniel Samper opinó: “Qué descaro que Berto utilice la imagen de Carlos Gaviria: Gaviria fue una de las grandes personalidades de este país que en su momento nos previno del estilo de traiciones de las que Berto es capaz”.
Mientras que el abogado y columnista de opinión, Luis Felipe Henao aseguró: “Nada más contrario al pensamiento ético y democrático de Carlos Gaviria que utilizar su memoria como herramienta de propaganda política”.