José Manuel Restrepo, reputado académico y exministro, volverá a la política como fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella. Se apartará de la rectoría de la Universidad EIA y esta semana publicará su última columna en EL COLOMBIANO.
En diálogo con este periódico, Restrepo habla de los detalles de su alianza de su apuesta de país, ahora con “El Tigre”.
¿Cómo se concretó el ofrecimiento para que usted se convirtiera en fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella?
Pues mire, me he reunido en tres oportunidades con el doctor Abelardo de la Espriella. La primera, si mal no recuerdo, fue en una marcha en recuerdo a Miguel Uribe Turbay. La segunda fue un encuentro que tuvimos alrededor de unas preguntas que él me hizo sobre temas de economía. Hablamos de economía y de país. Y esta fue la tercera, que fue en su residencia anoche, donde seguimos conversando sobre ese proyecto de país, sobre su propuesta, sobre lo que piensa. Me preguntó también qué pensaba, naturalmente, después me hizo el ofrecimiento de ser parte de su fórmula vicepresidencial.
Al final, esto no responde a ningún interés político —entre otras cosas, ni siquiera milito en ningún partido político—. No responde a ningún cálculo partidista ni a ningún cálculo de otra especie. Solo al genuino y único interés de servirle al país.
Cuando vi que este es un momento en el que hay que gastarse el liderazgo, porque estamos al borde del abismo y podemos perder nuestra democracia y nuestras instituciones, entendí que llega el momento en el que uno tiene que apostar todo su liderazgo posible a sacar adelante el país. O bien hacerlo nosotros, o bien construir —que también es otro camino— un propósito de unidad con otros que eventualmente puedan tener un mayor fervor del pueblo.
Pero, más allá de eso, se trata de construir un propósito de país con esperanza, que llegue a los campesinos, a los informales, a los trabajadores, a esos independientes que tienen su negocio, a tantas personas que sufren en momentos como este en temas de salud, seguridad, vivienda y otros asuntos.
Si alguien se pregunta por qué se inclinó por irse con De la Espriella y no con Paloma Valencia, teniendo en cuenta que usted votó por Paloma en la consulta y que estaba cercano a ese sector de la centroderecha, ¿Qué le diría?
Primero diría que quien me ofreció la vicepresidencia fue Abelardo de la Espriella, no Paloma Valencia. Pero, en segundo lugar, yo creo que aquí son dos caminos que al final van a llegar a lo mismo. Es decir, sea quien sea el que tenga el fervor o el favor en la primera vuelta presidencial, seguramente va a tener que hacer alianza con el otro.
En ese caso particular, y como lo ha dicho Abelardo, en mi caso estoy absolutamente dispuesto a que, si no se gana en la primera vuelta, vayamos a llevarle la maleta a Paloma, ojalá con Juan Daniel Oviedo como vicepresidente. Y si es al contrario, esperaría uno lo mismo. Porque al final lo que debe primar es un propósito superior que se llama Colombia.
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En el diálogo con De la Espriella, ¿usted le manifestó sus expectativas o líneas rojas?
Lo que le dije a Abelardo fue qué puedo aportar yo. Le puedo aportar experiencia pública, conocimiento de los temas productivos, de empresa, de las finanzas públicas, de educación y de planeación. Le puedo aportar trayectoria gerencial. Puedo ayudar en esa propuesta de regulación, de simplificación de trámites, de acabar con la tramitomanía.
También puedo ayudar con la academia y con el conocimiento que tengo de los temas educativos y de la interacción con las universidades y los colegios. Puedo ayudarle a construir consensos. Y le dije: este es un momento para construir consensos. Tenemos que dejar las diferencias, dejar la polarización y construir unidad.
Le dije que le podía aportar madurez, relación gremial con el sector productivo y manejo de situaciones difíciles, porque me tocó enfrentarlas durante el Covid y el poscovid. Y, sobre todo, puedo aportar mi conocimiento de dos regiones que están en mi corazón: Antioquia y Bogotá. Desde esas dos regiones también puedo ayudar a construir.
Claramente le dije que este es un propósito en el que lo que tiene que primar al final es la unidad. Aquí tenemos que ser duros con los problemas y suaves con las personas, incluso con los contradictores. Tenemos que demostrar por qué no estamos de acuerdo con sus planteamientos, independientemente de la persona. Y tenemos que ser conscientes de que este es un país diverso, donde hay que estar abiertos a esa diversidad y construir en la diversidad.
Usted ha estado muchas veces del otro lado, desde la academia o el análisis. ¿Cree que la estrategia de llevarlo como vicepresidente busca atraer votos de centro y ampliar el espectro hacia sectores? ¿Lo lee de esa manera?
La verdad, yo creo que no tengo ni el voto de mi señora. De pronto ese único voto que tengo y mis tres hijos: son cuatro votos en total. Lo que yo aporto es experiencia, madurez, conocimiento, trayectoria y conocimiento técnico en algunos temas en particular. También capacidad de conciliar.
Si en el marco de eso que puedo aportar hay votos, puede que sí. Pero al final hay que entender que esta propuesta de país que se está construyendo es una propuesta para todos. No es una propuesta solo para los de derecha o centroderecha. También es para los de centro. Incluso para quienes votaron por el presidente Petro, porque algunos de ellos están insatisfechos con lo que ha sucedido, desesperanzados y frustrados. Y finalmente, si somos elegidos, vamos a gobernar con todos: con los petristas y con absolutamente todos. Porque un jefe de Estado representa la unidad nacional constitucionalmente. Ese es, al final, mi aporte a esta conversación.
Esta decisión se conoce un día después de que Iván Cepeda anunció como fórmula vicepresidencial a la líder Aida Quilcué. ¿Qué concepto tiene de ella?
La respeto como ser humano, como persona y en su condición de minoría indígena. Creo que eso representa también una parte del país. Mis diferencias no son con la persona, sino con los contenidos. Yo no creo en la lógica estatizante. Creo que hay que enfrentar de raíz el narcotráfico. Tenemos que volver incluso sobre todos los mecanismos para enfrentarlo: erradicación manual, fumigación aérea, control a los capitales. También tenemos que ser absolutamente conscientes de que un país estatizado no es la salida en este momento. Este es un país en que no aguantamos más burocracia estatal. Mis diferencias son de contenido, no personales.
Creo que lo más importante en este momento es crecer, crecer mucho. Y para crecer hay que apostarle de fondo a sectores clave como la agrotecnología, los servicios basados en conocimiento y el turismo sostenible. También a la industria 4.0 y a las nuevas energías renovables. Esa apuesta por el crecimiento tiene que estar acompañada de una gran política de regulación y de eliminación de la tramitomanía, de tantos trámites que le hacen la vida imposible al empresario.
Al mismo tiempo, hay que hacer un ajuste fiscal porque el país está absolutamente desajustado, fiscalmente desbaratado. Eso supone, en primer lugar, disminuir el tamaño del Estado, porque con este tamaño no es sostenible. En paralelo, hay que modificar la estructura tributaria en beneficio del sector productivo para generar crecimiento de la inversión privada.
En tercer lugar, hacer una apuesta para darle fuerza a una institucionalidad como el Comité Autónomo de Regla Fiscal, de modo que controle los excesos de gasto público y de déficit que se cometen desde el Legislativo y el Ejecutivo, algo similar a lo que sucede en Perú, donde se constitucionalizó una especie de regla fiscal. Hay que lograr parte de esto en materia económica, porque de lo contrario no habrá recursos para atender otros problemas como salud, educación o energía.
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Usted ha sido reconocido por su liderazgo con agentes del sector financiero en el mundo. ¿Cuál sería su papel en política exterior?
Así será. El planteamiento del doctor Abelardo es que yo sea el vínculo entre Colombia y el mundo. Es decir, conectar los equipos económicos, los equipos de Cancillería y otros equipos del Gobierno con actores internacionales alrededor de temas clave.
Por ejemplo, cómo hacer de Colombia la capital ‘deep tech’ de América Latina; una capital de conocimiento y de servicios basados en conocimiento. También cómo aprovechar la oportunidad con Venezuela en la reinstalación de la democracia desde el punto de vista económico.
Igualmente, cómo nos vamos a sentar el 9 de agosto, todo el equipo económico del Gobierno, en Washington y Nueva York, con inversionistas y calificadoras de riesgo para hablar de nuestro modelo económico de crecimiento y del ajuste fiscal.
También está nuestro papel en la transición energética y cómo eso nos puede acercar a muchos países del mundo, además de fortalecer las relaciones con Estados Unidos y convertir a Colombia en un epicentro de la cuarta revolución industrial. Son temas en los que yo puedo conectar equipos de gobierno con actores internacionales.
¿Qué lectura hace de las elecciones al Congreso?
Se nota el crecimiento del Pacto Histórico y del Centro Democrático, pero al final es un Congreso muy fragmentado, con muchas miradas y visiones distintas. Por eso vamos a tener que hacer un diálogo político con actores de distintos partidos tradicionales, con el Centro Democrático, con Salvación Nacional y con algunos sectores verdes. En caso de llegar al Gobierno, habrá que lograr una suerte de mayorías que le permitan al presidente de la República gobernar.
¿Habló de su decisión de ser fórmula con sectores del Centro Democrático o con el expresidente Iván Duque?
No, el presidente Duque me felicitó, pero yo nunca hablé con él sobre este tema. Entre otras cosas porque ni siquiera lo sabía: esto fue anoche (el lunes). Lo que circulaba en redes eran especulaciones con nombres, como el suyo, el mío y otros más. Pero nada distinto a eso. Simplemente me felicitó. Usted sabe que le tengo cariño y aprecio por él, como siempre. Pero realmente yo no milito en ningún partido ni hago parte de ninguna tendencia política en este momento.
Finalmente, ¿tuvo dudas antes de tomar la decisión? ¿Lo habló con su familia?
Puede que a uno lo ponga a pensar. Pero no se nos puede olvidar que en este mundo quien no vino para servir no sirve para vivir. El servicio nos hace grandes, sobre todo en momentos como este, cuando la patria está en riesgo de caer en un abismo y de destruir su democracia y sus instituciones. Quienes tenemos alguna forma de liderazgo tenemos que anteponer el bien común sobre el interés particular. Yo nunca he estado en esta vida para intereses privados o particulares. Siempre he estado con el ánimo de servir a los demás. Para mí, el bien común vale más que el interés particular.