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Desde el naufragio de El Almirante en 2017 hasta la muerte del joven Alexánder Avendaño en mayo de 2026, el embalse El Peñol-Guatapé acumula víctimas mortales año tras año.
Llegar a El Peñol y Guatapé es como asomarse a un pedacito de mar tierra adentro. El horizonte se abre entre pequeñas islas y el azul se divide limpiamente entre el cielo y el agua. Lo que muchos no saben cuando llegan con neveras, flotadores y ánimo de fiesta es que ese espejo de agua se traga, año a año, múltiples vidas.
El embalse fue construido entre 1970 y 1978 por EPM. Inundó el casco urbano del antiguo Peñol, creó una represa de más de 2.262 hectáreas con profundidades que superan los 45 metros y hoy aporta el 10 % de la energía del Sistema Interconectado Nacional. También recibe cerca de 20.000 turistas cada fin de semana —el triple de la población de Guatapé— con 250 embarcaciones, fincas de alquiler, planchones con licor, motos acuáticas...