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Consumo de drogas en Antioquia está iniciando desde los 12,5 años

Carisma, principal hospital al frente de atender los casos de farmacodependencia, emitió una alerta por el temprano inicio del consumo de sustancias y el alza de casos de madres gestantes con adicciones.

  • Una cada vez más temprana edad de inicio de consumo y el aumento de casos de madres gestantes con farmacodependencia hacen parte de los principales motivos de preocupación para Carisma al cierre de 2025. FOTO DEPOSITPHOTOS
    Una cada vez más temprana edad de inicio de consumo y el aumento de casos de madres gestantes con farmacodependencia hacen parte de los principales motivos de preocupación para Carisma al cierre de 2025. FOTO DEPOSITPHOTOS
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La edad en la que los niños se están iniciando en el consumo de drogas en Antioquia ya llegó a un promedio de 12,5 años. Así lo alertó el Hospital Carisma en su último informe de rendición de cuentas, que al cierre del año pasado emitió varias alarmas.

Además de la edad temprana en el inicio del consumo, que está por debajo del promedio nacional, el principal hospital público encargado de manejar los casos de adicciones en Medellín y Antioquia, mostró su preocupación por el incremento del número de madres en gestación con farmacodependencia que están llegando a sus consultorios.

De igual forma, la entidad mostró su consternación por el auge de las sustancias inyectables, que no solo están volviendo más compleja la recuperación de los pacientes, sino profundizando los retos sociales para revertir una problemática que ya es de salud pública.

César Hernández, médico especialista en farmacodependencia y subdirector científico de Carisma, señala que las alertas con las que se cerró el año pasado no son nuevas y aparecen en un contexto que viene haciéndose más complejo con el paso de los años.

Por el lado de la edad de inicio del consumo, el experto señaló que si bien el promedio se ubica en 12,5, a las instalaciones de la entidad ya llegan casos de bebés con síndrome de abstinencia, asociados a la farmacodependencia de sus madres, y niños de 5, 6 y 7 años que han consumido sustancias.

En la mayor parte de los casos, Hernández señala que el inicio del consumo suele enmarcarse en dos escenarios principales: los accidentales o los inducidos.

El consumo accidental consiste por un fenómeno denominado aprendizaje modelado, que suele presentarse, por ejemplo, cuando los niños están en sus casas y ven a sus padres o cuidadores en una fiesta, contentos y tomando licor.

Bajo este contexto, un pequeño que tome de la sala de su casa una copa que se quedó servida y la consuma por curiosidad aplicaría para una iniciación accidental, que también puede presentarse con cualquier otra sustancia más pesada.

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Por otro lado, el consumo inducido puede ser más complejo y puede aparecer en casos como, por ejemplo, cuando un menor de edad está siendo víctima de explotación sexual y sus victimarios, muchas veces de su propio círculo familiar, lo inducen a consumir alguna sustancia para facilitar los abusos por parte de adultos.

Este último escenario, advirtió, está siendo uno de los focos de acción por entidades como la Alcaldía de Medellín, en su lucha por erradicar la explotación sexual en la ciudad.

“Evidenciamos que las consultas han aumentado en bebés con síndromes de abstinencia remitidos por pediatras para tratamiento toxicológico. También vemos niños en condiciones de vulnerabilidad extrema: víctimas de violencia sexual, física, psicológica o abandono”, explica el subdirector.

Infográfico
Consumo de drogas en Antioquia está iniciando desde los 12,5 años

En clave de esta última situación, Hernández señala que el incremento en los casos de farmacodependencia está estrechamente asociado a la agudización de problemáticas como la habitancia en calle, que después de la pandemia se desbordó principalmente en zonas como el Centro de Medellín.

Si bien las cifras del Dane en 2019 daban cuenta de que en Medellín había una población de 3.214 personas en situación de calle (3.788 en el área metropolitana del Valle de Aburrá), desde comienzos de 2024 varias organizaciones alertaron que ese dato podía estar en el orden de los 8.000 habitantes, esto con base en las atenciones de entidades como la Secretaría de Inclusión Social de Medellín, desde donde se ha vivido de primera mano este incremento.

Si bien dicho fenómeno es multicausal, expertos advertían que coincidió con un incremento en los casos de violencia intrafamiliar, el arribo de población vulnerable a la ciudad y el auge de sustancias o prácticas de consumo que hacen más difíciles de tratar las adicciones.

Sobre este último punto, desde Carisma advierten que en Medellín viene floreciendo durante los últimos años un auge en el consumo de sustancias inyectables.

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Si bien la sustancia ilegal más consumida continúa siendo la marihuana (dejando aparte las legales, que son las que mantiene las prevalencias más altas) principalmente en zonas como el Centro muchos consumidores en situación de calle están inyectándose la cocaína y la heroína luego de diluirla, en un fenómeno que no se veía a esa escala años atrás.

Es este escenario el que más preocupa a Carisma respecto a las madres gestantes con farmacodependencia, ya que la mayoría de ellas consume sustancias vía intravenosa durante el embarazo, lo que genera que sus hijos nazcan con padecimientos de salud y desde los primeros días de su vida ya tengan que ser sometidos a un tratamiento contra las adicciones.

“Los riesgos para estos bebés son graves. Nacen con problemas respiratorios, retraso en el crecimiento y síndromes de abstinencia; nacen siendo drogadictos por lo que reciben de la madre. El año pasado atendimos en promedio a 15 mujeres embarazadas. Aunque parezca poco, es una alerta máxima por las condiciones de habitabilidad en calle y seguridad en la Comuna 10”, advierte Hernández.

Además de estos casos complejos, el experto señala que entidades como la desaparecida Escuela Contra la Drogadicción, cuyos diagnósticos siguen siendo los más actualizados, ya habían advertido que las prevalencias de tabaco y alcohol, que se mantienen como las más altas, también deben ser tenidas en cuenta, ya que son precisamente estas sustancias las que en las encuestas aparecen como las principales puertas de entrada para el consumo de otras.

Cabe recordar que según los datos del Ministerio de Salud, en Antioquia mientras el consumo de alcohol tiene una prevalencia en el último año del 41,6% (es decir casi 2,8 millones de antioqueños), el tabaco tiene una de 11,9% (es decir, más de 800.000 antioqueños). En las sustancias ilegales, son los hongos y el LSD los que tienen menores edades de consumo (ver gráfico).

El experto no obstante hizo un llamado para que este tipo de situaciones sean siempre una alerta temprana para que tanto en Medellín, como en el Valle de Aburrá y Antioquia se fortalezcan los programas sociales, sobre todo para mitigar el sufrimiento que se vive entre los habitantes de calle, en donde se mantienen los casos más complicados.

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