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Por Santiago Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

La neuroplasticidad puede cambiar nuestras vidas

hace 3 horas
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  • La neuroplasticidad puede cambiar nuestras vidas

Por Santiago Montoya - opinion@elcolombiano.com.co

Un barco sin rumbo puede llegar a cualquier parte. Incluso a un buen puerto. Pero también puede estrellarse contra la primera tormenta. Cuando vivimos a la deriva, obtenemos resultados aleatorios: a veces buenos, a veces malos. Pero casi nunca intencionales.

El cerebro no está diseñado para vivir a la deriva. Está diseñado para trabajar bajo objetivos.

Si usted tiene sed, el cerebro activa señales: carraspera en la garganta, sequedad en la lengua, incomodidad. Y no descansa hasta que usted tome agua.

El problema es que muchas personas no le dan instrucciones claras a su mente. Y cuando el cerebro no tiene dirección, cualquier resultado le sirve.

Cuando alguien decide correr una maratón, su cuerpo empieza a adaptarse. Cuando alguien decide ahorrar una cifra específica, comienza a detectar gastos que antes pasaban desapercibidos. Cuando alguien se propone sacar una empresa adelante, empieza a ver oportunidades donde otros solo ven problemas.

En Medellín escuchamos frases que se vuelven realidad: “aquí la plata rinde”, “somos echados pa’ delante”, “Medellín está en obra”. Cuando una ciudad lo cree, actúa en consecuencia. Por eso es que el emprendedor paisa resalta, porque se cree el cuento, por eso es que en Medellín la inversión se ve, porque se cuida el dinero, y todos trabajamos en pro, de hacer una mejor ciudad.

Esto que venimos conversando se llama neuroplasticidad, y es como magia. Muchos ya la aplicamos y no nos damos cuenta. La neuroplasticidad de forma masticadita, cero técnica, y con el respeto de los neurocientíficos, es la capacidad del cerebro de reorganizarse según lo que perseguimos. El cerebro se enfoca y se vuelve experto en aquello que le exigimos.

Si le exigimos excusas, se vuelve experto en crear excusas. Si le exigimos resultados, se vuelve experto en encontrar la forma de lograrlos.

Las metas no solo cambian resultados. Cambian estructuras neuronales.

En las empresas pasa exactamente lo mismo. Una organización que dice “queremos crecer” tiene una intención débil. Una que dice “vamos a crecer 30% en este segmento con esta estrategia” activa enfoque colectivo. Las conversaciones cambian. Las decisiones se alinean. Las prioridades se ordenan. Cuando hay una decisión clara y convencemos al cerebro de que es posible, empezamos a actuar en coherencia con ese objetivo.

Las empresas no fracasan por falta de capacidad. Fracasan por falta de claridad.

La mente funciona bajo convicción. Cuando usted se cree el cuento, su sistema interno empieza a trabajar en lograrlo.

Si usted dice “voy a sacar esta empresa adelante”, pero por dentro alimenta la duda todos los días, su cerebro recibe mensajes contradictorios. Y el cerebro no opera bien en la ambigüedad.

No todo depende de la mente, por supuesto, a mi todo no todo me sale bien y no siempre cumplo mis metas. Hay mercados difíciles y circunstancias complejas. Pero el enfoque siempre aumenta la probabilidad de éxito.

Las personas que logran cosas grandes no siempre son las más brillantes. Son las que mantienen el objetivo a la cabeza todo el día sin importar lo que pase.

Y al final, la diferencia entre llegar o no llegar a la meta rara vez es capacidad. Casi siempre es claridad.

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