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De la 59 para abajo

Según fuentes de Devex, este año el financiamiento global ha venido cayendo en un aproximado de US$35 mil millones.

09 de octubre de 2025
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  • De la 59 para abajo

Por María Luisa Zapata Trujillo - JuntasSomosMasMed@gmail.com

Nueva York es una ciudad que se camina y se camina. La mayoría quienes la visitan están en sus calles todo el tiempo intentando absorber su grandeza e imponencia. Es una ciudad, donde, si quieres parecer local, debes caminar más rápido para no estorbar a los demás. Pero, ¿qué significa ser local en esta ciudad? Sin duda, sigue siendo el corazón del melting pot, una ciudad en donde, de la calle 59 para abajo no se puede asegurar que la ciudad pertenece a ningún local y ninguna nacionalidad.

Fue allí precisamente donde, año tras año, se dan cita líderes globales, pensadores, gobiernos, filántropos, centros de pensamientos y actores preocupados por el desarrollo del mundo. Cada año en el mes de septiembre, las Naciones Unidas celebran su Asamblea General (UNGA) para darle cabida a discusiones relevantes, marcar la agenda del desarrollo global y, también afirmar su valor, aporte y relevancia en los esquemas de orden global.

Pero más a allá de la agenda oficial, del caos generado por el cierre de calles que rodean la ONU, y las varias manifestaciones que estas generan por parte ciudadanos y activistas; se despliega un entramado en paralelo de más de 1000 encuentros – reuniones, foros, conversaciones – que se toman la ciudad durante UNGA y el acertado certamen de la Semana del Clima. En cada rincón, desde los hoteles hasta los medios de comunicación, se congregan tomadores de decisión, inversionistas y personas que trabajan en temas de impacto y desarrollo, fuera de las calles se instalaron encuentros para nutrir reflexiones alrededor de una de las citas más críticas de los últimos tiempos.

No es una exageración decir que el sistema de desarrollo está en contracción. Según fuentes de Devex, este año el financiamiento global ha venido cayendo en un aproximado de US$35 mil millones. La preocupación fue palpable en estos encuentros: un sistema debilitado, cuestionado, que hace un llamado por nuevos mecanismos capaces de brindar esperanza. Es precisamente en este vacío, donde de manera general se hizo un llamado para el sector privado y la filantropía emerjan y se vuelvan más robustos y conectados para ocupar un lugar protagónico y asuman parte de este vacío.

Más allá de lo que pasaba en las calles, cada hotel, cada centro de convenciones y muchas oficinas fuero escenarios de debate y discusiones sobre algunos de los problemas más urgentes del mundo hoy: la salud, los sistemas agroalimentarios y la seguridad alimentaria, las amenazas a la democracia, los nuevos modelos de desarrollo, el cambio climático, el cuidado de las amazonas, la Inteligencia artificial, entre muchos otros.

Lo cierto, es que todo es incierto. Y aunque conversemos, los nuevos mecanismos aún están por aparecer. Existe, sin embargo, una certeza compartida: algo nuevo emergerá y debemos asegurarnos – con humildad y con urgencia – en que esta pueda traer adelante lo que, si ha funcionado de los modelos actuales, que lo nuevo tenga una verdadera capacidad de acción, de impacto y de transformación frente a los problemas que aún no hemos logrado resolver.

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María Clara Posada Caicedo

Jean-François Revel advertía en El conocimiento inútil que una de las paradojas centrales de la modernidad es esta: nunca hubo tanta información disponible y, sin embargo, nunca fue tan fácil mentir con éxito. Para Revel, el mundo no se mueve por la ignorancia sino por la manipulación consciente del conocimiento. La mentira prospera cuando se reviste de ideología, cuando se presenta como una “verdad superior” que pretende corregir o sustituir a la realidad. Allí nace lo que él llama la inutilidad del conocimiento: los hechos están, pero no importan si contradicen el dogma.

Esa lógica no surge de la nada. Tiene antecedentes explícitos en la tradición revolucionaria. León Trotski lo formuló sin ambigüedades al sostener que no se tiene derecho a decir toda la verdad cuando esta debilita a la revolución, una paráfrasis fiel de su concepción instrumental de la verdad política. Iósif Stalin fue todavía más brutal al afirmar que las ideas son más poderosas que los hechos. No se trata de frases aisladas ni de provocaciones retóricas, sino de una doctrina: la verdad deja de ser un valor y se convierte en un medio subordinado a la causa.

Revel sostenía que esa mentalidad es particularmente visible en cierta izquierda que no discute la realidad sino que la reescribe. Esa, que no busca comprobar, sino confirmar. Frente a la verdad empírica, levanta una verdad ideológica moldeada por sesgos, resentimientos, odios y una convicción moral que se cree autorizada a falsear porque se auto-percibe del “lado correcto de la historia”. La mentira deja de ser un problema ético y se vuelve una herramienta política.

Ese patrón se hace evidente en el comportamiento del candidato del continuismo, Iván Cepeda, frente al expresidente Álvaro Uribe Vélez. No se trata aquí de una diferencia de opiniones o de una controversia ideológica legítima. Se trata de una contradicción vulgar entre lo que Cepeda afirma bajo juramento en los estrados judiciales y lo que declara sin pudor en escenarios mediáticos internacionales.

El abogado del expresidente, Jaime Granados Peña, lo ha expuesto con claridad: Cuando Cepeda fue contrainterrogado en juicio y enfrentado a la gravedad del juramento, tuvo que admitir que no le constaba ningún hecho que comprometiera penalmente a Uribe. Nada. Ninguna prueba. Ningún conocimiento cierto. Solo conjeturas. Sin embargo, lejos de contextos con consecuencias legales, Cepeda reaparece en España acusando al presidente de haber construido su poder económico en relación con el narcotráfico. La diferencia entre ambos escenarios es reveladora. Ante los jueces, la verdad fáctica se impone. Ante los micrófonos, la ideología se desborda. Es exactamente el fenómeno que describía Revel y que Trotski y Stalin asumieron como principio: cuando la causa lo exige, los hechos estorban.

Granados añade otro elemento que Cepeda omite deliberadamente en sus discursos internacionales. El expresidente Uribe fue exonerado por el Tribunal Superior de Bogotá, que revocó una decisión injusta y lo declaró inocente. También recuerda que el caso de Santiago Uribe tuvo una absolución que hoy se encuentra en discusión jurídica, sujeta a impugnación ante la Corte Suprema de Justicia. Esos datos existen. Son públicos. Pero no encajan en el relato del stalinismo del siglo XXI. Aquí no estamos ante un error. Estamos ante una estrategia en la que se dice una cosa donde hay sanción y otra donde no la hay. Se callan los hechos que incomodan y se amplifican las acusaciones que alimentan el prejuicio. Eso, en términos de Revel, no es ignorancia. Es una forma activa de mentira.

Colombia paga un alto precio cuando la política adopta esta lógica y las elecciones se someten a ese vaivén. Porque cuando la verdad deja de importar, todo se vuelve sospechoso. Y cuando la ideología se cree con derecho a sustituir los hechos, la democracia se resquebraja. Revel lo advirtió hace décadas. Trotski y Stalin lo proclamaron sin pudor. Hoy, tristemente, lo experimentamos en carne propia con nuestra versión Temu, en Cepeda -el neotrostkiano.

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