Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4
Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
Confiar que tendremos “suerte” es una peligrosa opción normalmente con bajas probabilidades de ocurrencia y un signo de la resignación de quien confía que “alguien o algo” cambiará o definirá favorablemente su destino. Por eso el filósofo estadounidense Ralph Waldo Emerson decía que: “Los hombres superficiales creen en la suerte o en las circunstancias. Los hombres fuertes creen en la causa y el efecto”; invitándonos a ser artífices activos de la causalidad y no víctimas pasivas de la casualidad.
Tengo suficientes años para haber aprendido que la oportunidad es el mejor catalizador de los resultados y potenciador de los recursos, y que es entendible, pero tonto, aplazar la acción esperando tener todas las condiciones y recursos ideales para hacer las cosas, en vez de ejecutarlas en el momento oportuno. Casi nada reemplaza la efectividad y pertinencia de lo oportuno. También me quedan menos años de los deseados para entender que “si no es ahora, ¿cuándo?” Las personas, y los países, tienen momentos y situaciones que les impiden darse el lujo de dejar algo para después, porque luego sería inaccesible y/o los efectos adversos irreversibles.
Hace días, mientras intentaba conciliar el sueño que en ocasiones llega más tarde a mi cama que yo, volví a escuchar la canción “Tiempo pa´matar” de Willie Colón, que dio nombre al último álbum del salsero neoyorquino con el sello Fania. En la primera parte de la canción, Colón pinta con música un cuadro que recrea un grupo de jóvenes latinos durante la Guerra Fría, sin nada que hacer, que se resignan a “matar el tiempo”, recordando y hablando de canciones viejas de salsa. En dicha canción, Colón menciona y entrelaza 8 de ellas: “Mamabuela”, “Ave María morena”, “El negro bembón”, “Por un maní”, “Dolores”, la pachanguera, “El charlatán”, “La llave”, de Cortijo y su combo, y “Se te quemó la casa”, la de Marcela.
Y aunque sonará a los filósofos una herejía compararlos, Willie Colón hace en la segunda parte de su canción un sabrosón llamamiento a la acción, de la misma naturaleza que el hecho por Emerson, el filósofo apreciado por Nietzsche. “/ Esperando el momento preciso, y ahora es cuando es / no pierdas tiempo pidiendo permiso, dale tú a ver /... / Esperando el momento preciso, y ahora es cuando es / es que no hay tiempo pa’ ser indeciso, dale, dale, dale, dale, dale”.
¿Cuál es la razón de insistir en mis columnas la invitación a la acción y advertir el peligro que Colombia vuelva a equivocarse como en 2022? El 28 de febrero de ese año escribí la columna: “Lo que moriría con Petro” (https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/lo-que-moriria-con-petro-AI16693939) en la que, debido al espacio disponible, mencioné solamente algunos de los peligros que representaría su elección, que luego de cuatro años lastimosamente veo que no me equivoqué advirtiendo. La destrucción no pudo terminarse en su gobierno, pero se completará y profundizará si su sucesor, un marxista muchísimas veces más peligroso que el alucinado actual, es el nuevo okupa del Palacio de Nariño.
El momento preciso es ¡ahora!, en las elecciones de congreso y presidencia, y “no hay tiempo pa´ ser indeciso”, como el ninipolítico sistemáticamente “tibio” que se camufla en el embuste de la polarización.