En redes sociales es una persona alegre. Con su hablado paisa un tanto arrastrado y una forma espontánea de crear contenido y decir las cosas, cautivó a las audiencias hasta el punto de convertirse en un mentor de emprendedores. Además de recomendador de negocios e impulsor de marcas, Daniel Velásquez —más conocido como Daniel BohíoPlaya— es hoy día, a sus 36 años, un empresario que ha vivido de primera mano el esfuerzo que implica posicionar una marca que ya vende cerca de 30.000 prendas al año en Colombia y emplea de forma directa a más de 20 personas, sumando decenas de empleos indirectos.
Detrás de los videos casuales en TikTok, donde suma más de 200.000 seguidores, y de las historias cotidianas en Instagram, con una comunidad que supera los 145.000 usuarios, hay una historia que no nació en redes sociales ni en un manual de marketing. Comenzó hace una década, cuando Daniel trabajaba como redactor general de una agencia, para distintos medios del país y sentía que su vida transcurría entre pantallas, horarios extensos y la sensación de no estar construyendo algo propio. “Yo no veía la luz del sol. Mi sueño siempre fue la música”, recordó Daniel en diálogo con EL COLOMBIANO. En ese momento hacía parte de Bajo el Palmar, banda de puro “chucu chucu” que recibió una invitación para tocar en Cuba, situación que se convirtió en el punto de quiebre. Renunció a su trabajo, habló con su familia y se dio un año para intentarlo. “Si no le pega, por lo menos lo intentó”, le dijeron sus padres, quienes siempre lo apoyaron.
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Pero allí se encontró con una situación que hasta el día de hoy le causa gracia: Daniel empacó algunas camisas de colores intensos, un toque caribeño y vallenatero, pensadas inicialmente como vestuario para la banda, para los conciertos. En suelo cubano ocurrió algo que no estaba en los planes: las personas se le acercaban más a preguntar por las camisas que por la música. “Oiga, ¿esa camisa dónde la consiguió?”, le repetían. Ahí entendió que había algo potente en lo que vestían. De regreso a Medellín, la música siguió, pero la atención se concentró en las prendas. junto a su hermano y con el apoyo de doña Beatriz —una abuelita que aún hace parte de la historia de la marca— empezó a confeccionar camisas para vestir a la banda. Así nació BohíoPlaya, casi como una consecuencia, no como una estrategia.
Los primeros años estuvieron marcados por los retos. Daniel tenía 400.000 pesos y una moto scooter con la que recorría Medellín entregando pedidos. Vendía dos camisas a la semana y trabajaba de seis de la mañana a once de la noche. Tras la muerte de su madre, “Esa marca se volvió una forma de evadir la realidad. Yo no quería parar”, admitió.
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De vender dos camisas a no dar abasto con los pedidos
Por ende, con ayuda de su padre, carpintero, construyeron la primera tienda, que abrió en noviembre de 2018 en Envigado, Antioquia. A las pocas semanas se quedaron sin inventario. “La gente entraba y decía: ‘¿para qué abrieron este “chuzo” si no hay nada?’”, recuerda. El crecimiento desordenado obligó a buscar talleres, ajustar procesos y resolver sobre la marcha.
En 2019, Bohío Playa participó en Shark Tank Colombia. Aunque no recibieron inversión, se dieron cuenta de que el negocio tenía tracción. En 2020, mientras el programa salía al aire, el país entraba en pandemia, un golpe que puso a prueba la operación y la estabilidad financiera de la marca.
Un año después llegó una de las colaboraciones más significativas: una colección cocreada con Carlos Vives. Ese mismo 2021, Forbes los incluyó entre los 30 emprendedores más importantes de Colombia. Para entonces, la marca ya tenía reconocimiento nacional y comenzaba a consolidar su presencia física.
En 2023, BohíoPlaya contaba con tiendas en Medellín y Bogotá. En 2024 apostó por Cartagena, primero en la ciudad amurallada y luego en Getsemaní, donde hoy opera una de sus sedes más representativas. No todas las decisiones fueron acertadas. Hubo pérdidas económicas y meses de alta presión. “Hemos estado a punto de quebrar y también hemos vendido millones en una semana”, dice sin rodeos.
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Redes sociales: del negocio propio a mentor de emprendedores
Paralelo al crecimiento de la marca, Daniel empezó a compartir en redes sociales su experiencia sin filtros ni discursos motivacionales. Habló de errores, decisiones mal tomadas, estrés y aprendizajes reales. Ese tono directo lo convirtió en una referencia para miles de emprendedores que hoy lo siguen por sus recomendaciones y reflexiones cotidianas.
A diez años de haber empezado, Daniel resume su aprendizaje sin épica: “No tirar la toalla. Ese es el talento más hijue#ut* que puede tener un emprendedor”.
Con una comunidad sólida, ventas consolidadas y una audiencia digital en crecimiento, Daniel Velásquez sigue contando su historia como la ha vivido: sin adornos, sin promesas fáciles y con la certeza de que emprender no es una fórmula, sino una resistencia diaria.
Para este 2026 le adelantó a EL COLOMBIANO que tendrá una colaboración importante con un club de fútbol del país y sacará una colección inspirada en el Mundial de fútbol.